Las torres albarranas

La construcción de un castillo trataba de combinar las labores defensivas con las residenciales. En lo referente a las primeras, el maestro constructor debía de buscar la mejor forma de distribuir los muros y las torres, así como su disposición más efectiva.

Generalmente, las torres debían de estar situadas entre sí a una distancia suficiente para permitir su auxilio desde la otra. La distancia de un tiro de arco era una medida habitual. Sin embargo, se extendió la costumbre de elevar torres fuera de los muros, las torres albarranas, que permitían una mejor defensa de las murallas y que estaban conectados con el recinto mediante puentes colgantes u otro sistema.

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