La batalla del Puig

Retablo de San Jorge (Museo Municipal de Jérica)
Retablo de San Jorge (Museo Municipal de Jérica)
Retablo de San Jorge (Museo Municipal de Jérica)Sepulcro de Bernat Guillem d'Entença (Monasterio del Puig)Sepulcro de Bernat Guillem d'Entença (Monasterio del Puig)Retablo de San Jorge (Museo municipal de Jérica)Ermita de San Jorge (El Puig)Iglesia del Puig de Santa MaríaCastillo del PuigCastillo del Puig

Enfrentamiento decisivo para el asalto final a la ciudad de Valencia.

Uno de los acontecimientos reseñados con detalle en las crónicas históricas sobre la época de Jaume I, fue la famosa batalla del Puig o de Enesa, ocurrida un 20 de agosto de 1237.

Esta batalla, preludio de la futura conquista de la ciudad de Valencia, tuvo lugar en un momento decisivo de los preparativos organizados por las tropas cristianas instaladas en el cerro del Puig.

En la estrategia de conquista de los territorios valencianos había sido esencial romper la unidad geográfica del poder musulmán con la toma de Burriana, culminada el 16 de julio de 1233. Los territorios al norte fueron capitulando progresivamente, sin resistencia, dejando libre de sorpresas el avance hacia el sur.

En octubre de 1236, las Cortes de Monzón deciden la conquista definitiva de Valencia.

El montículo del Puig, a escasos kilómetros de la capital y con una excelente visibilidad de todos los alrededores, se convierte en un enclave estratégico para asentar las tropas cristianas y explorar toda la zona de huerta que rodeaba a Valencia.

A finales de junio de 1237 el ejército de Jaume I se instala en el cerro del Puig, comienza la reparación del castillo destruido por los moros en su retirada y abre una vía de paso a través del marjal  que separa la playa de la montaña, con el fin de abastecer al ejército por vía marítima.

Jaume I está presente en todos los preparativos y en las correrías que acomete hasta Cullera, talando huertas y estrangulando el abastecimiento de la capital.

Al cabo de poco tiempo,  Jaume I tiene que dejar el Puig, poniendo al mando de la guarnición a su tío Bernat Guillem d´Entença, hermano de su madre, María de Montpellier.

Zayyan, sabedor de que el monarca ha abandonado el enclave planea un golpe mortal a la posición de los cristianos y hace un llamamiento generalizado en todos los territorios para que acudan al auxilio de la capital. El rey musulmán decide afrontar batalla en campo abierto y romper el cerco cristiano.

La proporción de fuerzas no augura un buen pronóstico para los cristianos. Según crónicas de la época,  el ejército musulmán, formado por guerreros profesionales y por ciudadanos de a pie, sin experiencia en el campo de batalla, contaba con seiscientos hombres a caballo y once mil  de infantería. Zayyan había reclutado para la ocasión a los sarracenos del Reino de Murcia y de Valencia.

El ataque contaba con el efecto sorpresa, pero un prisionero cristiano, cautivo en la ciudad, escapa el día anterior y alerta a las tropas del Puig del inminente ataque.

Los cristianos, conscientes de la superioridad de los sarracenos, debaten la situación. En un primer momento plantean abandonar el lugar, pero las reflexiones de Guillem d´Aguiló, lugarteniente de Bernat Guillem d´Entença, replantea la decisión. La crónica de Desclot narra con precisión el momento. Aguiló defiende sin tapujos su punto de vista: ”estamos aquí para honrar a Dios y a la Virgen Maria, para que su nombre sea exaltado… somos pocos… pero seremos más que ellos, Dios estará con nosotros… más vale morir con honor, que vivir con deshonor”.

El relato de la Crónica de Jaume I es conciso. Los cristianos deciden plantear la batalla en campo abierto, dejando una pequeña guarnición al resguardo del castillo. En la primera confrontación los cristianos sufren una derrota y se baten en retirada tratando de mantener la  posición. Pero en ese momento, los guerreros del castillo anuncian la retirada en estampida de los moros. “Murieron muchos que fueron heridos a espada y otros sin tener ninguna herida”.

Esta sorprendente reacción es explicada con detalle por Desclot. Para engañar a los musulmanes y ocultar la inferioridad numérica, Bernat Guillem d´Entença disfrazó los animales de carga como caballos de guerra  y ocultó a una parte de la tropa vestida de combate con todo tipo estandartes, banderas y trompetas, con la señera del rey presidiendo. En el momento preciso, este “cuerpo” del ejército hace su aparición, haciendo creer a los musulmanes que el propio monarca ha llegado en ayuda de sus huestes.

El pánico se apodera de los atacantes que huyen sin concierto. Para la leyenda queda la aparición de San Jorge junto a los cristianos que persiguen sin tregua a los que escapan a la desbandada.    

En la batalla, de la que Jaume I tuvo constancia estando en Zaragoza, falleció Bernat Guillem d´Entença. El rey, consternado por la pérdida, mandó enterrarlo en El Puig, cuya iglesia conserva su sepulcro.

Como anécdota, señalar que, cuando el rey regresó al Puig, nombró caballero, con solo 10 años de edad, al hijo menor de su tío fallecido.

La contienda tuvo lugar en el llano donde actualmente  se eleva la ermita de Sant Jordi, edificada en memoria del acontecimiento. 

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